Cuando tenía unos cinco o seis años creía que las rocas eran seres vivos. Pensaba que ellas tenían su propia dinámica y por eso al ser humano le parecían objetos sin vida. Organismos que tenían de un metabolismo muy diferente al nuestro, tan diferentes que aquello considerado por mí como una eternidad, sería para ellas sólo un instante.
Para comprobar esta teoría utilicé una pequeña piedra blanca. La coloque en un lugar seguro y dibujé su contorno con un marcador, esperando que pasado mucho tiempo esta diera muestras de algún movimiento, por muy pequeño que este fuera.
Pasaron días, semanas y meses, pero jamás llegó a moverse. Me sentí un poco decepcionado al darme cuenta que estaba equivocado y que efectivamente se trataban de objetos sin vida. Sólo minerales formando un cuerpo solido.
Recientemente recordé esa anécdota en una noche de insomnio. Han pasado unos veinte años desde ese entonces, un montón de cosas entre ellos, tanto alegrías como decepciones. En algunas teorías tuve la razón, en muchas otras resulté estar equivocado. Y todavía existen unas pocas en las que quisiera tener la razón a pesar de que todo me indique lo contrario.
Los años cambian todo lo que tocan, algunas veces para bien, otras veces para mal. Quizás había elegido una pequeña piedra que creía tener sus propias razones para permanecer inmóvil y en soledad.
Para comprobar esta teoría utilicé una pequeña piedra blanca. La coloque en un lugar seguro y dibujé su contorno con un marcador, esperando que pasado mucho tiempo esta diera muestras de algún movimiento, por muy pequeño que este fuera.
Pasaron días, semanas y meses, pero jamás llegó a moverse. Me sentí un poco decepcionado al darme cuenta que estaba equivocado y que efectivamente se trataban de objetos sin vida. Sólo minerales formando un cuerpo solido.
Recientemente recordé esa anécdota en una noche de insomnio. Han pasado unos veinte años desde ese entonces, un montón de cosas entre ellos, tanto alegrías como decepciones. En algunas teorías tuve la razón, en muchas otras resulté estar equivocado. Y todavía existen unas pocas en las que quisiera tener la razón a pesar de que todo me indique lo contrario.
Los años cambian todo lo que tocan, algunas veces para bien, otras veces para mal. Quizás había elegido una pequeña piedra que creía tener sus propias razones para permanecer inmóvil y en soledad.

