domingo, febrero 24, 2008

Designated Driver

sábado, febrero 23, 2008

En La Vía Contraria

Hasta hace algún tiempo me agradaban las coincidencias. Cuando me tropezaba con ellas solía saludarlas con una sonrisa, conversar con ellas y hasta invitarles un café. Sin embargo ya eso no ocurre, ahora opto por voltear la mirada cuando me encuentro con alguna. El mismo trato que tendrían dos amigos que en algún momento se pelearon por algún motivo ya olvidado.

Lo realmente curioso es ver como ellas responden a esto. Se han vuelto más insistentes y parecieran haberse multiplicado. No importa donde esté, siempre aparece una entre bombos y platillos. Si estas notan que las ignoro me llaman, se acercan haciéndome señas, me toman por la camisa y me gritan en el oído. Cuando esto sucede trato de actuar natural, con un calmado tono de voz le digo que no la conozco y trato de seguir mí camino.

También existen las coincidencias que son todo lo contrario a las anteriores, las coincidencias tímidas. A ellas tengo mucho tiempo sin verlas. Evitarlas no ha sido difícil en lo absoluto. Ellas están siempre ahí esperando ser vistas, pero en el preciso momento en que el esto puede ocurrir suelen esconderse. Es fácil darse cuenta cuando esto sucede gracias al aroma que dejan en el ambiente. A ellas les agradan los perfumes de fragancias suaves y dulces.

Hay casos mucho más difíciles, unas coincidencias a las que realmente temo. Las coincidencias que aparecen de la nada y en el momento que menos me lo espero, las que de manera sorpresiva acaban con mi paz mental. Es evidente que estas han llevado un duro y riguroso entrenamiento ninja. Debido a su agilidad y destreza son las más difíciles de evadir, mi mente suele quedarse en blanco por unos segundos ante sus ataques, en estado de shock o algo parecido. Son tan hábiles que me hacen sentir completamente indefenso. Tiene que pasar algo de tiempo para que yo pueda reaccionar ante ellas. Por lo general suelo huir despavorido y en busca de un albergue seguro.

Además están estas otras que se comportan de una manera muy extraña, así como si se tratara de una horda vikinga que ha tomado mucha cerveza. Son grandes en número al atacar, hacen mucho ruido y a primera vista no tienen ningún propósito. Estas últimas sólo me causan risa.

domingo, febrero 17, 2008

Heart Disease

viernes, febrero 15, 2008

El Sr. Extraño

No recuerdo cuando fue la primera vez que lo vi, fue hace ya muchos años. Su apariencia particular en un principio me llamó la atención, después de todo no es común en Caracas ver a una persona como él, cuyo aspecto peculiar hace que mires a los lados, así como quien no sabe dónde se encuentra.

Con el pasar del tiempo se me hizo regular verlo, al salir de mi casa al menos una vez a la semana coincidía con él. Siempre que lo veía pensaba “El Sr. Extraño”, pero no de una manera despectiva, al contrario, jamás lo había tratado pero estaba seguro que de conocerlo me caería bastante bien. No sabía cómo llamarlo y ese me parecía un apodo gracioso y ocurrente.

Recuerdo que en una de ocasión detrás de él venían unos tres estudiantes de bachillerato. Ellos se burlaban de él sin que lo notara, cosa que me enfadó un poco. Era como si se estuvieran metiendo con un amigo, además sin que este lo supiera. Solo por ser algo diferente que los demás, cosa que no me parece mala en lo absoluto.

Luego con el pasar del tiempo dejé de toparme con él. No me di cuenta de ello, por lo que jamás me pregunte qué sería de su vida.

Sin embargo, hace cosa de un par de meses lo volví a ver en la calle. Se veía exactamente igual a como lo recordaba. Inmediatamente pensé “¡El Sr. Extraño!”. Indudablemente se trataba de él, ya que no hay muchas personas con características semejantes.
Pude haber tomado una foto, sin embargo me parece que sería un abuso de mí parte. Por esto el dibujo no refleja su apariencia en la totalidad, además que me tome la libertad (gracias a mí escaza habilidad como dibujante) de alterar ciertos rasgos con el fin de preservar su anonimato. A pesar de esto el dibujo se parece lo suficiente como para hacerse una idea clara del personaje en cuestión.

Esta especie de reencuentro hizo que surgieran muchas preguntas que jamás me formulé: ¿Cuál será el nombre del Sr. Extraño? ¿A qué se dedicará? ¿Tendrá familia? ¿Qué música le gustará? ¿Dónde había estado todo este tiempo?, entre otras.

Muy pocas cosas puedo decir sobre él. No sé cómo se llama ni exactamente donde vive, así como tampoco a que se dedica. Solo sé que vive cerca de mí domicilio. Debe tener entre setenta y ochenta años. Nunca lo he visto acompañado, por lo que supongo se debe de tratar de una persona un tanto solitaria. Seguramente es de procedencia europea.

Otro detalle curioso es que JAMÁS lo he visto sin ese corbatín, lo que hizo que me surgiera una duda mayor: ¿Por qué el corbatín? Siempre lo lleva consigo, no se lo quita ni siquiera bajo el sol más inclemente. ¿Ocultará algo en él?

Quizás se trata de un dispositivo para viajar en el tiempo. Creo que se activa al tomarlo con ambas manos, así como cuando se ajusta un corbatín regular. Luego menciona la fecha en voz alta y al soltarlo se realiza el viaje. Tal vez volvió después de tanto tiempo porque falta poco para que algo importante ocurra, él estará al tanto de todo y sabrá que piezas mover convenientemente, una especie de salvador. Puede ser que se encuentre esperando pacientemente a que llegue el momento adecuado para informarme de algo importante. O tal vez el Sr. Extraño sea yo.

martes, febrero 12, 2008

Llega un momento en el que se da cuenta que pelear es inútil. La mejor opción es rendirse, simplemente no hacer nada y dejarse golpear. Desear que cada golpe sea más fuerte que el anterior, que uno de esos golpes tenga la fuerza suficiente como para hacerle perder la conciencia, dándole un viaje seguro a otro lugar. Huir tan lejos como para no poder volver.

domingo, febrero 03, 2008

Superhuman Senses

sábado, febrero 02, 2008

Álter Ego Equivocado

Desde hace ya bastante tiempo recibo constantes llamadas telefónicas equivocadas. Siempre preguntan por un tal Roberto.

Si no fueran tan seguidas no me importaría, incluso llaman en la madrugada. Lo más absurdo es ver como vuelven a llamar hasta cinco veces seguidas después de que les digo que se trata de un número equivocado. En ocasiones llaman, escuchan mí voz y cuelgan.

La explicación lógica sería que la compañía telefónica tiene problemas con las líneas, que el tal Roberto es lo suficientemente tonto como para dar un número erróneo a todas las personas que conoce. Quizás es el número que da a aquellas personas que desea evitar, siendo mí número telefónico un tropiezo casual en las diez millones de posibles combinaciones que posee la compañía telefónica a la cual estoy afiliado. Treinta millones si cuento las otras dos operadoras.

Sin embargo estas razones me parecen un poco tontas, por lo que seguí explorando motivos por los que esto sucede, llegando a estar plenamente convencido de que la verdadera causa de estas llamadas se debe a una doble personalidad. El tal Roberto es una manifestación de todo aquello que no me gusta, aborrezco o que simplemente no hago. Y siendo él, yo, le da mí número a todas aquellas persona que conoce.

Me fue un poco difícil averiguar todo aquello que hace Roberto cuando toma posesión de mí persona. A medida que daba con el rastro de mis propias huellas, más sorprendido me encontraba.

Es un apostador empedernido. Los fines de semana apuesta a las carreras de caballos y ocasionalmente en algún bingo. Tiene un amuleto de la buena suerte: la cola de una serpiente cascabel, la cual suele agitar con su mano cuando el caballo por el que apostó se encuentra en la recta final.

Su bebida predilecta es el cocoanís. Le gusta añadirle hojas de hierbabuena frescas, según él le da un mejor sabor, además de ser un buen digestivo.

Si en la calle se encuentra con una mujer atractiva, le suele decir piropos subidos de tono, razón por la que en repetidas ocasiones ha sido blanco de fuertes bofetadas muy bien merecidas.

Le encanta el vallenato, no solo escucharlo, bailarlo también. El año pasado participó en el concurso anual de vallenato bailable celebrado en un inefable bar de la ciudad. Se sintió bastante decepcionado al quedar de segundo lugar. Todos los días se entrena para la revancha.

Tiene una relación amorosa con una mujer veinte años mayor que él, divorciada tres veces, actualmente desempleada. Su principal sueño es convertirse en una reconocida cantante de bolero. Tiene dos hijos de su segundo y tercer matrimonio, llamados Enrique y Beto en honor a los personajes de Plaza Sésamo. Ocho y doce años cada uno.

Es aficionado al baseball. Suele llevar una gorra firmada por un beisbolista famoso del cual desconozco el nombre. Jamás la ha lavado.

Y no, no tiene un club de peleas. En su lugar tiene un club de salsa casino.