Un pequeño giro de timón nunca es suficiente. Para hacer verdaderos cambios hay que levar anclas, desplegar bien las velas y esperar a que el viento esté a favor. Sin embargo, antes que todo esto, lo más importante debería ser elegir bien el lugar a donde se quiere ir.
Y bueno, un viaje que requiere de mucho tiempo puede resultar ser un verdadero problema. Los planes a largo plazo no son fáciles de tomar. No basta con una simple decisión personal, también hay que tomar en cuenta factores externos. Ver las piezas sobre el tablero, observar los movimientos de los otros jugadores y descubrir sus motivaciones. Tantear el terreno y aprender a medida que se desarrolla el juego. Con el pasar del tiempo eventos inesperados tienden a ocurrir, y hay que saber improvisar. Algunas veces es el viento quien simplemente no quiere ayudar, en otras es la brújula la que no desea funcionar. Aunque nada de eso importa si no se tiene claro que nos lleva a embarcarnos en ese viaje. Hay que cerrar los ojos y soñar un poco con lo que se quiere, extender los brazos y tratar de alcanzarlo.
Debo ser un poco corto de brazos. Rara vez logro alcanzar lo que deseo, y en algunos casos termino rechazándolo al conseguirlo. Quizás se deba a que soy tan malo planeando mi futuro como lo puedo ser tratando de escribir metáforas marítimas. Podría culpar a mi falta de concentración. Hay millones de estrellas en el cielo, no existen motivos para observar fijamente una sola de ellas. Bonita excusa, yo la consideraría bastante valida. Y cuestionarlo todo tampoco ayuda. No creo que existan verdades absolutas, con tiempo suficiente todas pierden su solidez. Pero ser ateo de mis propios deseos no tiene sentido.
Desear una vida normal no es generalmente algo que una persona normal desearía. Tampoco suena como algo difícil de alcanzar, pero ser feliz es complicado. Quisiera ver unos quince años en el futuro, echarle una ojeada a mi vida y verme tranquilo, miedos superados y lo malo olvidado. Pero tengo razones para esperar lo contrario. A los trece pensaba que todo iba a estar bien para cuando tuviera unos veinte. Nada de eso pasó. Mi vida no cambió mágicamente a los veinte, y tampoco lo hará a los treinta. Supongo que soy malo con el azar, pero si tuviera que hacer la apuesta definitiva, sin duda alguna pondría mi dinero en “Galopante Soledad”. El caballo con todas las de ganar.
Tengo dudas respecto a que tan voluntaria sea esa soledad que me acompañará. No sé si tenga que ver con algo innato, o algún deseo inconscientemente. Pero el resultado es el mismo, así que no debería darle mucha importancia. Sólo que de alguna forma quiera evitarlo. Tampoco culpo a nadie en particular, si yo pudiera alejarme de mí, ya hace mucho lo hubiera hecho.
A veces cuando veo alguna pareja en la calle, la observo buscando en ella características similares, patrones que sean fáciles de reconocer a simple vista. Tratando de encontrar aquello que posiblemente los mantiene unidos. Algunas parejas se ven realmente felices, haciéndome difícil la tarea de fingir que no siento un vacío. Pero otras parejas parecieran estar juntas solo para evitar la soledad. Pienso que compartir la soledad es la mejor manera de hacerla más grande. Aunque pensándolo mejor, quizás todos estamos realmente solos sin importar quién se encuentre a nuestro lado.
Nunca he considerado la soledad como algo completamente dañino. Si bien en periodos muy extensos resulta serlo, en dosis bien administradas brinda bastante claridad mental. Estar solo no es necesariamente malo, al menos no lo suficiente como para estar con una persona que no lo vale. Lo que evidentemente explica lo extenso que se ha hecho este periodo de soledad que me acompaña. Usualmente busco características que me llamen la atención, cosas en común. Es muy posible que esas mismas características que encuentro interesantes en una mujer, estén directamente relacionadas con el hecho de que ellas observen lo poco conveniente que soy en realidad. Lo cual tiene todo el sentido del mundo. Si A es igual a B, entonces B debe ser igual a A.
Racionalizar esas cosas me resulta sencillo. Me ayudan a entender el mundo que me rodea, a aceptarlo sin importar lo poco que me agraden sus matices y contrastes. Pero me pregunto a partir de qué punto empieza a ser enfermizo. Quisiera saber cuántos “no hubiera funcionado”, “éramos muy diferentes” o “estoy mejor solo” son demasiados. A veces siento que me estoy envenenando poco a poco con mis propias mentiras. Reclinando el asiento mientras dejo el barco en piloto automático rumbo a una isla desierta.
Debe ser aburrido no escuchar otra voz que no sea la propia. Aunque quizás ya llevo tiempo acostumbrado a un voice-over constante. Como si estuviera en una película con un narrador lleno de comentarios irónicos, sobre situaciones que a él también le afectan.
Y bueno, un viaje que requiere de mucho tiempo puede resultar ser un verdadero problema. Los planes a largo plazo no son fáciles de tomar. No basta con una simple decisión personal, también hay que tomar en cuenta factores externos. Ver las piezas sobre el tablero, observar los movimientos de los otros jugadores y descubrir sus motivaciones. Tantear el terreno y aprender a medida que se desarrolla el juego. Con el pasar del tiempo eventos inesperados tienden a ocurrir, y hay que saber improvisar. Algunas veces es el viento quien simplemente no quiere ayudar, en otras es la brújula la que no desea funcionar. Aunque nada de eso importa si no se tiene claro que nos lleva a embarcarnos en ese viaje. Hay que cerrar los ojos y soñar un poco con lo que se quiere, extender los brazos y tratar de alcanzarlo.
Debo ser un poco corto de brazos. Rara vez logro alcanzar lo que deseo, y en algunos casos termino rechazándolo al conseguirlo. Quizás se deba a que soy tan malo planeando mi futuro como lo puedo ser tratando de escribir metáforas marítimas. Podría culpar a mi falta de concentración. Hay millones de estrellas en el cielo, no existen motivos para observar fijamente una sola de ellas. Bonita excusa, yo la consideraría bastante valida. Y cuestionarlo todo tampoco ayuda. No creo que existan verdades absolutas, con tiempo suficiente todas pierden su solidez. Pero ser ateo de mis propios deseos no tiene sentido.
Desear una vida normal no es generalmente algo que una persona normal desearía. Tampoco suena como algo difícil de alcanzar, pero ser feliz es complicado. Quisiera ver unos quince años en el futuro, echarle una ojeada a mi vida y verme tranquilo, miedos superados y lo malo olvidado. Pero tengo razones para esperar lo contrario. A los trece pensaba que todo iba a estar bien para cuando tuviera unos veinte. Nada de eso pasó. Mi vida no cambió mágicamente a los veinte, y tampoco lo hará a los treinta. Supongo que soy malo con el azar, pero si tuviera que hacer la apuesta definitiva, sin duda alguna pondría mi dinero en “Galopante Soledad”. El caballo con todas las de ganar.
Tengo dudas respecto a que tan voluntaria sea esa soledad que me acompañará. No sé si tenga que ver con algo innato, o algún deseo inconscientemente. Pero el resultado es el mismo, así que no debería darle mucha importancia. Sólo que de alguna forma quiera evitarlo. Tampoco culpo a nadie en particular, si yo pudiera alejarme de mí, ya hace mucho lo hubiera hecho.
A veces cuando veo alguna pareja en la calle, la observo buscando en ella características similares, patrones que sean fáciles de reconocer a simple vista. Tratando de encontrar aquello que posiblemente los mantiene unidos. Algunas parejas se ven realmente felices, haciéndome difícil la tarea de fingir que no siento un vacío. Pero otras parejas parecieran estar juntas solo para evitar la soledad. Pienso que compartir la soledad es la mejor manera de hacerla más grande. Aunque pensándolo mejor, quizás todos estamos realmente solos sin importar quién se encuentre a nuestro lado.
Nunca he considerado la soledad como algo completamente dañino. Si bien en periodos muy extensos resulta serlo, en dosis bien administradas brinda bastante claridad mental. Estar solo no es necesariamente malo, al menos no lo suficiente como para estar con una persona que no lo vale. Lo que evidentemente explica lo extenso que se ha hecho este periodo de soledad que me acompaña. Usualmente busco características que me llamen la atención, cosas en común. Es muy posible que esas mismas características que encuentro interesantes en una mujer, estén directamente relacionadas con el hecho de que ellas observen lo poco conveniente que soy en realidad. Lo cual tiene todo el sentido del mundo. Si A es igual a B, entonces B debe ser igual a A.
Racionalizar esas cosas me resulta sencillo. Me ayudan a entender el mundo que me rodea, a aceptarlo sin importar lo poco que me agraden sus matices y contrastes. Pero me pregunto a partir de qué punto empieza a ser enfermizo. Quisiera saber cuántos “no hubiera funcionado”, “éramos muy diferentes” o “estoy mejor solo” son demasiados. A veces siento que me estoy envenenando poco a poco con mis propias mentiras. Reclinando el asiento mientras dejo el barco en piloto automático rumbo a una isla desierta.
Debe ser aburrido no escuchar otra voz que no sea la propia. Aunque quizás ya llevo tiempo acostumbrado a un voice-over constante. Como si estuviera en una película con un narrador lleno de comentarios irónicos, sobre situaciones que a él también le afectan.


1 comentarios:
zzz
Ze
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