domingo, agosto 03, 2008

Clases de Lenguaje

No era ningún lugar que conociera. La puerta que se encontraba delante de él decía de manera clara y legible “Clases de Lenguaje”. No se encontraba ni abierta, ni cerrada. Se podían escuchar voces tras esta. Miró con duda a los lados y procedió a entrar.

Al pasar el marco de la puerta el silencio interrumpió el ambiente. Inmediatamente todos voltearon. Las miradas se posaron sobre él, y como si no importara volvieron a su conversación. No se entendía lo que decían. Las menos de diez personas que ahí se encontraban, hablaban muy alto, muy rápido, sin claridad. Todos desconocidos, gente que jamás había visto. Todas excepto una de ellas.

A primera vista parecía un salón de primaria. Era muy parecido a aquellas aulas en las que vio clases en algún momento de su infancia. Sin embargo, estaba convencido de jamás haber estado ahí. Sobre la pared colgaba un viejo pizarrón verde, se encontraba ya muy manchado de tiza blanca. A la derecha de este se encontraba el escritorio del profesor, rodeado por los alumnos y el ruido que hacían. Frente al pizarrón, donde usualmente se encuentran columnas de pupitres, sólo se encontraba un sofá negro de tres puestos. Era lo único que parecía fuera de lugar.

No tenía la más mínima idea de que hacía él ahí. En la puerta se leía que se trataba de una especie de clase sobre lenguaje, pero sobre la pizarra habían solo ecuaciones. No las reconocía, las observó fijamente haciendo que se olvidara de todo lo demás. Después de dudarlo mucho decidió sentarse en el sofá negro. No había ningún otro lugar donde descansar. En su mano izquierda tenía un cuaderno y un lápiz. Los tuvo con él todo el tiempo sin saberlo.

No tenía idea de que se trataba lo que estaba escrito en ese pizarrón, le intrigaba. Escribió todo en su cuaderno esperando conseguir alguna respuesta. Mientras lo hacía, notó como ella lo miraba evitando ser notada. Hacía mucho tiempo que no veía aquel largo cabello. Le costaba concentrarse con ella a tan pocos metros. No entendía lo que estaba escrito sobre el pizarrón, tampoco el porqué se encontraba con ella después de tanto tiempo.

Se sentía ajeno a ese sueño, como si nada le perteneciera. Pasaría algún tiempo antes de que se diera cuenta de que no era él quien soñaba con ella.