Sus vecinos dicen que es una señora malhumorada y solitaria. Tiene una baja estatura y es un poco jorobada. Ojos saltones y una nariz puntiaguda le otorgan un aspecto un tanto gracioso. Todo esto acompañado de una aguda y bastante peculiar voz.
Se comenta que duerme de día, ya que en las noches entra en los hogares de las personas mientras estas duermen, sin su permiso revisa sus bolsillos, robándoles el tiempo a sus inocentes victimas. Este tiempo es recolectado en pequeños frascos, cada uno etiquetado con el nombre de su antiguo portador; son guardados y clasificados en orden alfabético en estantes que se encuentran en el sótano de su casa.
Solo toma un poco, si se llevara todo el tiempo sería demasiado sospechoso.
Con la ayuda de un extraño trozo de carbón, hace marcas en la cara de las personas; para ello cuenta con un pulso perfecto, en contraste con lo que se podría pensar de una señora de avanzada edad. Estas marcas hechas con este particular trozo de carbón, son lo que las personas comúnmente conocen como arrugas. No se borran debido al extraño origen de esta pieza de carbón.
Algunas personas dicen que cayó del cielo, otras comentan que le fue otorgado por un ser todopoderoso. Son muchas las teorías, todas falsas.
Con la ayuda de un pincel y una acuarela blanca hace trazos sobre el cabello de las personas. Si observa cansancio, estrés o molestia en las personas, no importa cuanto tiempo conserven en sus bolsillos, ella toma uno o varios cabellos y los pinta completamente de blanco. Es gracias a esto la creencia popular de que las angustias producen canas.
Por supuesto que la procedencia de esta acuarela es la misma que la del pedazo de carbón, completamente desconocida.
Ella sabe que quitarle el tiempo a las personas es algo malo, su manera de retribuirlo es dándole a sus victimas arrugas y canas. Para ella es arte.
La señora Vejez no era considerada por muchos como una persona amable.
Tampoco su hermano Alzheimer.