Rogelio era un tipo que tenía un problema, y no sabia que hacer con él.
Decidió ir con su problema al bosque a despejar la mente, manejó por horas buscando el lugar ideal.
Casi llegando el final de la tarde lo consiguió, se sentó bajo un árbol a contemplar el atardecer. Trató de hablar con él, pero este era muy joven y no entendía mucho de lo que Rogelio le decía, solo le miraba con una sonrisa. Rogelio al ver que aquella conversación no servia de mucho, le ofreció unas galletas de chocolate.
Ambos disfrutaban de ellas mientras observaban como el sol se ocultaba.
Al cabo de un rato se escuchó un ruido de fondo, el problema se volteo y se dio cuenta de que se encontraba solo bajo aquel árbol. El ruido que se escuchó no era otro que el carro de Rogelio, quien huía de su problema.
A partir de ese día Rogelio fue un tipo feliz, había dejado su problema atrás.
Pasaron los años y Rogelio se casó, tenia dos hijos y un perro.
Había formado una feliz y bonita familia.
Un día, mientras Rogelio veía un partido de fútbol sonó la puerta. Rogelio la abrió, no sabia de quien se trataba.
- Si. Que desea?
- No me reconoces?
- No, disculpe. Quien es?
Rogelio recibió un golpe en la nariz, no sabia que ocurría.
- Pero... que sucede?!
- Eso es para que no vuelvas a huir de tus problemas.
Rogelio no reconocía el problema que tenia en frente.
El problema del que creía haberse deshecho quince años atrás en aquel bosque, había sido criado por una familia de ardillas ninjas-shaolines, las cuales le enseñaron diferentes tipos de artes marciales, entre las que destacaban: kung-fu, karate, ninjutsu, judo y gun-fu.
Había regresado con sed de venganza.
Moraleja: Si le huyes a los problemas, estos regresan y te rompen la nariz.
Decidió ir con su problema al bosque a despejar la mente, manejó por horas buscando el lugar ideal.
Casi llegando el final de la tarde lo consiguió, se sentó bajo un árbol a contemplar el atardecer. Trató de hablar con él, pero este era muy joven y no entendía mucho de lo que Rogelio le decía, solo le miraba con una sonrisa. Rogelio al ver que aquella conversación no servia de mucho, le ofreció unas galletas de chocolate.
Ambos disfrutaban de ellas mientras observaban como el sol se ocultaba.
Al cabo de un rato se escuchó un ruido de fondo, el problema se volteo y se dio cuenta de que se encontraba solo bajo aquel árbol. El ruido que se escuchó no era otro que el carro de Rogelio, quien huía de su problema.
A partir de ese día Rogelio fue un tipo feliz, había dejado su problema atrás.
Pasaron los años y Rogelio se casó, tenia dos hijos y un perro.
Había formado una feliz y bonita familia.
Un día, mientras Rogelio veía un partido de fútbol sonó la puerta. Rogelio la abrió, no sabia de quien se trataba.
- Si. Que desea?
- No me reconoces?
- No, disculpe. Quien es?
Rogelio recibió un golpe en la nariz, no sabia que ocurría.
- Pero... que sucede?!
- Eso es para que no vuelvas a huir de tus problemas.
Rogelio no reconocía el problema que tenia en frente.
El problema del que creía haberse deshecho quince años atrás en aquel bosque, había sido criado por una familia de ardillas ninjas-shaolines, las cuales le enseñaron diferentes tipos de artes marciales, entre las que destacaban: kung-fu, karate, ninjutsu, judo y gun-fu.
Había regresado con sed de venganza.
Moraleja: Si le huyes a los problemas, estos regresan y te rompen la nariz.




